La Alianza Atlántica ha dado un paso histórico en su estrategia de defensa global. Bajo el nombre clave ‘Centinela Ártica’ (Arctic Sentry), la OTAN ha oficializado el lanzamiento de una misión militar de gran envergadura destinada a blindar la seguridad en el Ártico.
Esta decisión no solo responde a la histórica presencia rusa en la zona, sino que surge en un momento de máxima tensión diplomática tras las renovadas intenciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de ejercer un control directo sobre Groenlandia.
Un despliegue estratégico en un Ártico convulso
Fuentes oficiales de la Alianza en Bruselas confirmaron que la planificación de la misión ya está en marcha. El objetivo es claro: garantizar la soberanía de los aliados en una región que, debido al deshielo y la apertura de nuevas rutas comerciales, se ha convertido en el nuevo epicentro de la discordia internacional. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha sido tajante al calificar la defensa del Ártico como una “prioridad absoluta”, subrayando que el debate actual entre los Estados miembro se centra en los pasos tácticos para asegurar que Groenlandia y sus alrededores permanezcan bajo el paraguas de seguridad aliado.
La configuración del Ártico es hoy un espejo de la fractura global. De los ocho países que integran la región, siete son miembros de la OTAN: Estados Unidos, Canadá, Dinamarca (vía Groenlandia), Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia. El octavo es Rusia, que ha incrementado significativamente su capacidad militar en el Círculo Polar, reabriendo bases de la era soviética y probando armamento hipersónico en condiciones de frío extremo.
El factor China y la “Gran Compra” de Trump
La misión ‘Centinela Ártica’ también mira hacia el Este. La OTAN vigila con recelo a China, país que se ha autodefinido como un “Estado casi ártico”. El interés de Pekín en la “Ruta de la Seda Polar” y sus inversiones en infraestructuras críticas en la región han encendido las alarmas en Bruselas. Según Rutte, el volumen de actividad china ya obligó a debates profundos el año pasado, consolidando la necesidad de una presencia militar permanente y coordinada.
Sin embargo, el ingrediente más disruptivo en esta ecuación es la postura de Washington. El renovado interés de Donald Trump por Groenlandia ha puesto a Dinamarca en una posición incómoda y ha forzado a la OTAN a actuar como mediador institucional para evitar que las ambiciones territoriales de un aliado fracturen la cohesión interna. La misión busca, en esencia, “europeizar” la defensa de la isla para evitar movimientos unilaterales que desestabilicen el flanco norte.
Próxima cita clave: Bruselas, 12 de febrero
Los detalles técnicos de ‘Arctic Sentry’ —que incluirán patrullaje aéreo, vigilancia submarina y ejercicios de respuesta rápida— se terminarán de perfilar en la próxima reunión de ministros de Defensa en la sede de la OTAN el 12 de febrero. Se espera que este encuentro defina los presupuestos y el rol específico que jugarán los nuevos miembros, Finlandia y Suecia, cuyo conocimiento del terreno ártico es vital para el éxito de la operación.
