Israel utiliza un sistema electoral proporcional en el que los ciudadanos votan por listas de partidos en una circunscripción nacional única. Los 120 integrantes de la Knéset se eligen cada cuatro años, pero ningún partido suele conseguir por sí solo la mayoría absoluta, por lo que las negociaciones entre distintas fuerzas políticas resultan decisivas para formar Gobierno.
Las elecciones legislativas en Israel son determinantes para definir el futuro político del primer ministro Benjamin Netanyahu y la composición del próximo Gobierno, en un contexto marcado por la guerra, la polarización y las disputas sobre la seguridad nacional.
A diferencia de otros países que eligen representantes por distritos o circunscripciones territoriales, Israel cuenta con un sistema proporcional nacional. Esto significa que los votos se distribuyen entre las listas partidarias y los escaños se asignan en función del respaldo electoral que obtiene cada una.
El mecanismo favorece la representación de distintas corrientes políticas, pero también genera un Parlamento fragmentado, en el que la formación de coaliciones suele ser indispensable para gobernar.
¿Cómo funciona el sistema electoral de Israel?
El Parlamento israelí, conocido como Knéset, está compuesto por una sola cámara de 120 diputados. Sus integrantes son elegidos por períodos de cuatro años, aunque el Parlamento puede disolverse anticipadamente y convocar nuevas elecciones.
La legislación establece que los comicios deben ser generales, nacionales, directos, igualitarios, secretos y proporcionales.
Israel constituye una única circunscripción electoral para todo el territorio nacional. En consecuencia, los ciudadanos no eligen representantes de una provincia o distrito específico, sino que votan por una lista presentada por un partido político.
Cada formación obtiene una cantidad de escaños proporcional a los votos que consigue, siempre que supere el umbral electoral establecido por la ley.
En las elecciones de noviembre de 2022, la participación alcanzó el 70,6% del electorado.
El umbral electoral del 3,25% y el reparto de escaños
Para ingresar a la Knéset, una lista debe obtener al menos el 3,25% de los votos válidos. Superar ese porcentaje es un requisito fundamental para participar en la distribución de los 120 escaños parlamentarios.
Las listas que no alcanzan el umbral quedan excluidas del reparto. Esto significa que sus votos no se traducen en representación parlamentaria, lo que puede alterar el equilibrio entre los principales bloques políticos.
El mecanismo tiene especial importancia para los partidos pequeños, incluidos aquellos que integran coaliciones de derecha, centro o izquierda. Una formación que queda por debajo del mínimo puede perjudicar las posibilidades de su propio espacio político de alcanzar una mayoría parlamentaria.
Por esa razón, las negociaciones entre partidos y los llamamientos a retirar candidaturas pueden convertirse en factores relevantes durante la campaña electoral.
¿Qué es el método Bader-Ofer?
El sistema israelí utiliza una fórmula conocida como Bader-Ofer para distribuir los escaños restantes después de la asignación inicial.
El procedimiento permite repartir las bancas que no se asignan de manera exacta mediante la proporcionalidad directa. Para ello, se calculan promedios que determinan qué listas tienen prioridad para recibir los escaños pendientes.
En determinadas circunstancias, este mecanismo puede beneficiar a los partidos con mayor caudal electoral o a aquellos que establecen acuerdos de reparto de excedentes con otras formaciones.
Por eso, dos bloques que obtienen cantidades de votos relativamente similares pueden terminar con una distribución diferente de bancas. En un Parlamento donde la mayoría absoluta se alcanza con 61 diputados, incluso una diferencia reducida puede resultar decisiva para las negociaciones posteriores.
Un sistema político fragmentado: los principales partidos de Israel
La política israelí se caracteriza por la presencia de numerosas fuerzas que representan distintas orientaciones ideológicas, comunidades religiosas e identidades sociales.
Entre los principales espacios se encuentran:
- Likud: partido de derecha liderado por Benjamin Netanyahu, con una posición central en la política israelí durante las últimas décadas.
- Partidos ultraortodoxos: formaciones que representan a sectores religiosos y que suelen negociar su participación en las coaliciones a cambio de compromisos sobre educación, financiación y cuestiones vinculadas con la religión.
- Sionismo religioso: fuerzas de derecha nacionalista y religiosa que mantienen posiciones relevantes en los debates sobre seguridad y el conflicto palestino-israelí.
- Partidos de centro: espacios que buscan atraer a sectores moderados y que pueden desempeñar un papel decisivo en la formación de mayorías.
- Partidos de izquierda: formaciones que históricamente han defendido distintas propuestas sobre política social, relaciones internacionales y el conflicto con los palestinos.
- Partidos árabes y drusos: listas que representan a sectores de estas comunidades y que pueden influir en el equilibrio parlamentario.
La cantidad de partidos y las diferencias entre sus programas dificultan la construcción de mayorías estables. Además, las posiciones sobre la guerra, la seguridad, el servicio militar, la economía y las relaciones con los palestinos suelen generar fuertes desacuerdos.
¿Cómo se forma el Gobierno israelí?
Una vez finalizado el recuento, comienza el proceso de consultas y negociaciones para determinar quién podrá reunir los apoyos necesarios para formar Gobierno.
En Israel, ganar las elecciones no significa necesariamente obtener el cargo de primer ministro. Lo determinante es contar con el respaldo de una mayoría de al menos 61 de los 120 integrantes de la Knéset.
El procedimiento funciona de la siguiente manera:
- Finaliza el escrutinio: se determina cuántos escaños obtiene cada lista que supera el umbral electoral.
- Comienzan las consultas: los partidos expresan sus preferencias sobre quién debería encabezar el próximo Gobierno.
- El presidente designa a un candidato: el jefe de Estado encomienda la formación del Ejecutivo al dirigente que considera con mayores posibilidades de reunir una mayoría parlamentaria.
- Se negocia una coalición: el candidato busca acuerdos con otras fuerzas políticas para alcanzar los 61 escaños necesarios.
- Se presenta el Gobierno ante la Knéset: la coalición debe conseguir el respaldo parlamentario requerido para asumir.
Este mecanismo otorga una influencia considerable a los partidos pequeños, que pueden convertirse en socios indispensables para garantizar la mayoría.
El antecedente de 2021: Netanyahu no logró formar Gobierno
La fragmentación parlamentaria quedó especialmente expuesta en 2021, cuando Israel celebró sus cuartas elecciones en menos de dos años.
Benjamin Netanyahu no consiguió reunir los apoyos necesarios para formar una nueva coalición. Finalmente, Naftali Bennett asumió como primer ministro al frente de una alianza heterogénea, pese a que su partido había obtenido solamente seis escaños.
El episodio demostró que el peso de una fuerza política no depende únicamente de sus resultados electorales, sino también de su capacidad para negociar acuerdos con otros partidos.
La misma lógica convierte cada elección legislativa en una disputa que continúa después del cierre de las urnas: los resultados determinan la distribución de escaños, pero las negociaciones definen quién consigue gobernar.
¿Por qué estas elecciones son importantes para Netanyahu?
Los comicios se desarrollan en un escenario político excepcional, después de años de enfrentamientos y de una profunda crisis de seguridad vinculada con el conflicto regional.
Para Netanyahu, el resultado representa una prueba de su liderazgo y de la capacidad de su bloque para mantener una mayoría parlamentaria. Su continuidad depende no solo del respaldo obtenido por el Likud, sino también de los resultados de los partidos aliados y de los acuerdos que puedan alcanzarse después de la votación.
La oposición, por su parte, necesita coordinar posiciones entre fuerzas que no necesariamente comparten un programa común, pero que pueden coincidir en la necesidad de reemplazar al actual Gobierno.
En este contexto, el sistema proporcional israelí vuelve a colocar las negociaciones entre partidos en el centro de la disputa por el poder.
El resultado final dependerá de la distribución de los 120 escaños y de la capacidad de los distintos bloques para reunir los 61 diputados necesarios. En Israel, la victoria electoral es apenas el primer paso: la verdadera prueba política consiste en construir una mayoría capaz de sostener un Gobierno.
