El escenario geopolítico del Caribe ha dado un giro drástico tras las revelaciones publicadas por The New York Times. Según fuentes cercanas a las conversaciones bilaterales, la administración de Donald Trump ha puesto sobre la mesa una exigencia innegociable: la salida de Miguel Díaz-Canel de la presidencia de Cuba.
Este movimiento marca un hito en la política exterior estadounidense de 2026. La estrategia parece centrarse en un “cambio de rostro” más que en un desmantelamiento total del sistema. Washington permitiría que la estructura del gobierno comunista se mantuviera, siempre que el actual mandatario abandone su cargo.

El perfil de Díaz-Canel frente a Washington
Miguel Díaz-Canel, de 65 años, asumió la jefatura de Estado en 2018 como el sucesor de la era de los Castro. Sin embargo, para la Casa Blanca, el mandatario representa la “línea dura” del partido.
Los asesores de Trump consideran que su permanencia es un obstáculo insalvable para las reformas estructurales que Washington desea ver en la isla. La lógica estadounidense es la siguiente:
- Un nuevo liderazgo facilitaría una transición económica hacia el mercado.
- Díaz-Canel mantiene un compromiso ideológico inamovible con la vieja guardia.
- La remoción del jefe de Estado permitiría cambios que el actual presidente jamás apoyaría.
Crisis energética y presión económica
La situación interna en Cuba añade urgencia a estas negociaciones. La isla enfrenta actualmente una crisis energética sin precedentes, con apagones generalizados que paralizan la industria y la vida cotidiana.

Esta vulnerabilidad se ha visto exacerbada por el embargo petrolero impuesto por la administración Trump tras su regreso al poder en 2025. El uso de la energía como palanca de presión parece estar surtiendo efecto, obligando a La Habana a sentarse en una mesa de diálogo donde su soberanía política está bajo fuego.
El espejo de Venezuela
El contexto regional sirve como advertencia de lo que Washington busca lograr. Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, Estados Unidos ha logrado establecer un canal de trabajo con la mandataria interina Delcy Rodríguez.
Rodríguez se ha mostrado significativamente más receptiva a las exigencias del Norte. Trump, fiel a su estilo, reforzó esta postura al declarar recientemente que espera tener “el honor de tomar Cuba” durante su mandato. El desenlace determinará si Cuba entra en una nueva fase de coexistencia o se encamina hacia una ruptura interna definitiva.
