Este domingo, Kosovo se enfrenta a unas elecciones anticipadas cruciales que buscan poner fin a un 2025 marcado por el bloqueo institucional. El primer ministro, Albin Kurti, y su partido Vetëvendosje, buscan desesperadamente la mayoría absoluta para desbloquear los Presupuestos de 2026 y asegurar millones de euros en ayudas de la Unión Europea que actualmente penden de un hilo.
Un año de asfixia legislativa
A pesar de haber ganado con claridad los comicios a principios de año, la falta de una mayoría de control (61 de los 120 escaños) sumió a Pristina en el caos. Con una tasa de desempleo superior al 25% y una quinta parte de la población bajo el umbral de pobreza, el país ha sido incapaz de avanzar en reformas básicas.
La parálisis llegó a tal punto que se necesitaron 70 votaciones solo para elegir al presidente del Parlamento. Ante este escenario, la Embajada de EE. UU. ha manifestado su “impaciencia”, advirtiendo que el estancamiento pone en riesgo la integridad de las instituciones que los ciudadanos “lucharon tanto por crear”.
Los retos del Primer Ministro Kurti
Kurti parte como favorito, pero enfrenta un clima de descontento social que sus rivales intentan capitalizar:
- Bedri Hamza (PDK): El exgobernador del Banco Central se presenta como la alternativa de gestión económica.
- Lumir Abdixhiku (LDK): El joven economista de 42 años podría convertirse nuevamente en el “fiel de la balanza” para formar gobierno.
Mientras tanto, la Unión Europea ha enviado una señal mixta pero alentadora. El reciente levantamiento de sanciones económicas por parte de Ursula von der Leyen, tras observar avances en la desescalada en el norte de mayoría serbia, supone un respiro financiero, pero su ejecución real dependerá de que el nuevo gobierno pueda operar con normalidad.
