La violencia de grupos yihadistas y las bandas armadas del norte de Nigeria está empujando al país hacia una crisis alimentaria sin precedentes. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU advirtió que, si la situación continúa, el año que viene podría registrarse el nivel de hambre más alto desde que se monitorea la región. La agencia también alertó que sus fondos podrían agotarse en diciembre, debido a los recientes recortes financieros.
Según los datos del sistema regional Cadre Harmonisé, cerca de 35 millones de nigerianos podrían enfrentar hambre entre junio y agosto del año próximo, durante la temporada de escasez. Se trataría de la cifra más alta jamás registrada.
El hambre como herramienta de guerra
El PMA señaló que el norte del país vive su peor crisis alimentaria en diez años. Las comunidades rurales, atrapadas entre ataques sucesivos y un deterioro económico profundo, son las más afectadas. Las proyecciones indican que seis millones de personas podrían llegar a niveles de crisis de hambre en los estados de Borno, Yobe y Adamawa. En Borno, unas 15.000 personas corren riesgo de caer en condiciones cercanas a la hambruna.
David Stevenson, director del PMA en Nigeria, explicó que la población vive bajo una presión constante. Afirmó que, si la agencia no puede garantizar alimentos, “la desesperación creciente podría alimentar aún más inestabilidad”, mientras los grupos insurgentes utilizan el hambre como herramienta para expandir su influencia. Según Stevenson, esta situación podría convertirse en una amenaza que se extienda por toda África occidental.
La crisis se agrava por los recortes de financiación aplicados este año por Estados Unidos y varios países europeos. En julio, el PMA se vio obligado a reducir la distribución de alimentos en el noreste del país, donde casi un millón de personas dependen de esa ayuda. Más de 300.000 niños quedaron afectados, lo que aumentó los índices de desnutrición.
La región es escenario de ataques constantes desde 2009, cuando el grupo Boko Haram inició su campaña armada. La violencia se intensificó en 2016 con el surgimiento del Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (ISWAP). Ambos grupos buscan imponer un Estado islámico y han dejado más de 35.000 muertos y 2,7 millones de desplazados, según datos oficiales.
A esto se suma la actividad de bandas criminales en los estados del centro y noroeste. Los grupos, conocidos como “bandidos”, cometen ataques y secuestros masivos para exigir rescates, creando un clima de inseguridad que agrava todavía más la crisis humanitaria.
