Rusia busca desconectar las centrales nucleares de Ucrania, advierte la Inteligencia Militar

La inteligencia militar de Ucrania (HUR) ha emitido una alerta urgente este 17 de enero de 2026. Según los informes, Moscú planea ataques contra subestaciones críticas vinculadas a las tres plantas nucleares activas en el oeste y sur del país. El objetivo principal sería lograr una desconexión total del suministro eléctrico y de calefacción en pleno invierno.

Una estrategia para forzar la capitulación

De acuerdo con el HUR, esta ofensiva no es solo un ataque a la infraestructura, sino una táctica para obligar a Ucrania a aceptar condiciones de rendición inaceptables. Rusia ya habría realizado tareas de reconocimiento en diez subestaciones estratégicas distribuidas en nueve regiones ucranianas.

La situación es crítica, ya que gran parte de las centrales térmicas e hidroeléctricas del país ya han sido dañadas. Esto ha convertido a la energía nuclear en la columna vertebral del sistema eléctrico ucraniano.

El riesgo inminente de una fusión nuclear

La desconexión de las centrales nucleares en Ucrania no solo implica oscuridad para millones de personas, sino un peligro latente para toda Europa. Vitaliy Zaichenko, director de Ukrenergo, advirtió que la electricidad es vital para los sistemas de refrigeración de los reactores.

  • Si la planta se desconecta de la red, depende exclusivamente de generadores diésel de reserva.
  • Si estos generadores fallan, podría producirse una fusión del núcleo en cuestión de horas.
  • Expertos de Greenpeace señalan que la empresa rusa Rosatom conoce con precisión qué puntos atacar para maximizar el colapso.

Intervención internacional y estado de emergencia

Ante la gravedad de las amenazas, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) enviará equipos para evaluar las subestaciones clave para la seguridad nuclear. Mientras tanto, el gobierno ucraniano mantiene el estado de emergencia energética declarado el pasado 14 de enero.

Los trabajadores del sector intentan reparar los daños bajo temperaturas gélidas y constantes bombardeos, enfrentándose a una carrera contra el tiempo para evitar un colapso total de la red que sería extremadamente difícil de revertir sin el apoyo de las plantas térmicas ya destruidas.

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