La escalada de tensión entre Cuba y Estados Unidos ha encendido las alarmas internacionales, pero en las calles de La Habana Vieja el temor a un conflicto militar se mezcla con una batalla aún más urgente: la supervivencia diaria. En medio de la peor crisis económica y energética que vive la isla comunista en décadas, sus habitantes se debaten entre la incertidumbre geopolítica y el desabastecimiento extremo.
Mientras el gobierno cubano advierte sobre las consecuencias de una eventual agresión de Washington, los ciudadanos intentan desconectarse de la retórica bélica para no perder la cordura entre apagones y escasez.
Sobrevivir a la crisis en Cuba antes que a la guerra
Para Arminda de la Cruz, una vigilante de 56 años que vive en La Habana Vieja, la prioridad no son los discursos políticos, sino alimentar a una familia de siete personas, incluidos tres niños. Su refrigerador, casi vacío, solo contiene unas botellas de agua en el congelador.
«Tratamos de no pensar en eso (la guerra), porque tenemos muchos problemas. Trato de poner un poquito de música para no volvernos locos», relata a la agencia AFP, reflejando el agotamiento mental de la población ante la falta de alimentos, agua y fluido eléctrico.
La retórica oficial subió de tono luego de que el gobierno de La Habana reivindicara su derecho a la defensa, advirtiendo que cualquier intervención de Washington provocaría un «baño de sangre». Sin embargo, la respuesta de los cubanos de a pie varía entre el escepticismo histórico y el deseo profundo de un cambio estructural.
Escepticismo en La Habana: «La misma amenaza de siempre»
A pesar de los rumores de posibles acciones militares por parte de Estados Unidos, muchos habaneros miran la situación con recelo tras más de seis décadas de confrontación ideológica.
- La experiencia del pasado: Olaida Pozo, ama de casa de 52 años, no cree en la inminencia de un bombardeo. «Siempre es la misma amenaza (…) y hasta el momento nunca en la vida ha sucedido este tipo de casos», afirma desde su vivienda en el centro histórico.
- Preparación mínima: Alexis Pérez, un constructor de 28 años, confiesa haber acopiado algunos productos básicos siguiendo las recomendaciones de la Defensa Civil, pero descarta un escenario apocalíptico. «Tenemos algunos recursos preparados, no como al extremo de una mochila con todo para correr», explica.
El verdadero enemigo: El colapso económico y la migración
Para las nuevas generaciones, el foco del conflicto no está en una invasión extranjera, sino en la falta de futuro dentro de la isla. La crisis actual ha empujado a miles de jóvenes a ver la migración como la única salida viable.
«Lo que sí es claro es que un cambio tiene que haber», sentencia Pérez, priorizando las reformas internas sobre el fantasma de la guerra.
¿Invasión o reforma interna?
El rechazo a una intervención militar es mayoritario, pero el consenso sobre la necesidad de un giro político y económico es evidente:
- Desarrollo económico: Osvaldo Mendoza, de 61 años, rechaza una invasión y asegura que la prioridad es el desarrollo para mejorar la calidad de vida. «Los americanos no son locos. Aquí lo que tiene que cambiar es el sistema», añade.
- Transición pacífica: Beatriz, una militar retirada de 40 años, descarta un escenario de bombas o disparos, aunque no ve con malos ojos una influencia externa que alivie la situación de la población. «Que se intervenga y sea para mejoría me parece bien», concluye.
El panorama en la isla sigue siendo de tensa calma. Mientras la diplomacia y el plano militar ocupan los titulares internacionales, los cubanos siguen refugiándose en el dominó, el reguetón y la resiliencia para afrontar un día a día cada vez más asfixiante.
