Escocia, Gales e Irlanda del Norte dieron un paso político inédito al coordinar sus reclamos de autodeterminación frente a Londres. Los líderes nacionalistas firmaron en Cardiff un memorando que cuestiona el poder de Westminster para bloquear cambios constitucionales y vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta histórica: ¿puede comenzar a desintegrarse el Reino Unido?
El mapa político británico acaba de experimentar un movimiento difícil de ignorar. Los dirigentes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte firmaron el 14 de septiembre en Cardiff una declaración conjunta defendiendo el derecho de sus naciones a decidir su propio futuro.
John Swinney, del Partido Nacional Escocés (SNP); Rhun ap Iorwerth, de Plaid Cymru; y Michelle O’Neill, del Sinn Féin, participaron de una inédita coordinación política a la que también se sumó Mary Lou McDonald, presidenta del Sinn Féin.
El mensaje dirigido a Londres fue contundente: ningún Gobierno de Westminster debería poder impedir que estas sociedades decidan democráticamente su futuro constitucional.
Sin embargo, el acuerdo no significa que la ruptura del Reino Unido sea inmediata. Ni siquiera establece una estrategia común para conseguirla.
Escocia, Gales e Irlanda del Norte desafían a Westminster
El memorando reconoce explícitamente que existen diferentes posiciones constitucionales y que cada nación deberá avanzar según sus propias circunstancias.
Ahí está una de las claves.
Escocia busca convertirse en un Estado independiente. El nacionalismo galés plantea también la independencia, aunque con un respaldo social menor. En Irlanda del Norte, el objetivo del Sinn Féin no es crear otro Estado sino reunificar la isla incorporando el territorio a la República de Irlanda.
Los caminos jurídicos también son diferentes.
Irlanda del Norte dispone de un mecanismo contemplado por el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 para celebrar una consulta sobre la reunificación cuando se considere probable que exista una mayoría favorable.
Escocia no posee actualmente una vía equivalente que pueda activar unilateralmente.
Escocia vuelve a mirar hacia la independencia

El antecedente fundamental continúa siendo el referéndum escocés de 2014.
Entonces, el 55% votó por permanecer dentro del Reino Unido y el 45% apoyó la independencia.
Pero después ocurrió algo que alteró profundamente la discusión: el Brexit.
Escocia había votado mayoritariamente por permanecer dentro de la Unión Europea, pero terminó abandonando el bloque junto con el resto del Reino Unido.
Los nacionalistas consideran que esa transformación justifica volver a consultar a la población.
El nuevo acuerdo de Cardiff incluso declara que el Brexit perjudicó las economías de estas naciones y sostiene que su futuro debería estar vinculado nuevamente con la Unión Europea.
Irlanda del Norte y una frontera que podría desaparecer
El escenario norirlandés resulta todavía más complejo.
Durante décadas, la pertenencia al Reino Unido estuvo atravesada por un enfrentamiento entre unionistas partidarios de mantener los vínculos con Londres y nacionalistas favorables a una Irlanda unificada.
El Acuerdo de Viernes Santo redujo drásticamente la violencia y estableció las bases políticas para una eventual consulta.
Ahora Michelle O’Neill sostiene que el cambio constitucional está ganando impulso.
Sin embargo, eso no significa que actualmente exista una mayoría comprobada favorable a la reunificación. Las encuestas continúan mostrando una sociedad dividida y el propio primer ministro irlandés, Micheál Martin, reconoció que una votación inmediata tendría dificultades para prosperar.
Gales: el independentismo más pequeño, pero en crecimiento

Gales representa el tercer escenario.
Plaid Cymru defiende la independencia, aunque históricamente el movimiento separatista galés ha sido considerablemente más pequeño que el escocés.
La novedad política consiste en que el nacionalismo galés dispone ahora de una plataforma institucional mucho más importante.
Rhun ap Iorwerth evita, sin embargo, fijar una fecha para un referéndum.
Esto demuestra por qué Cardiff no produjo un calendario conjunto de separación.
La alianza funciona principalmente como un frente político para defender el principio de autodeterminación, no como una hoja de ruta inmediata para destruir el Reino Unido.
Trump entra inesperadamente en el debate
La discusión adquirió además una dimensión internacional después de que Donald Trump expresara durante su visita a Irlanda simpatía por una eventual reunificación de la isla.
El presidente de Estados Unidos aseguró que le gustaría verla unificada.
Sus declaraciones generaron rechazo entre sectores unionistas norirlandeses, mientras Dublín intentó reducir la tensión.
La intervención estadounidense no modifica los mecanismos constitucionales establecidos para Irlanda del Norte, pero coloca una cuestión extremadamente sensible dentro de la agenda internacional.
El Brexit vuelve a perseguir al Reino Unido
Detrás de todas estas tensiones aparece nuevamente el Brexit.
Los nacionalistas escoceses, galeses e irlandeses utilizan la salida de la Unión Europea como argumento para cuestionar el modelo político centralizado en Londres.
El memorando de Cardiff sostiene explícitamente que sus naciones tienen un futuro europeo.
La paradoja resulta histórica.
El Brexit fue presentado por sus defensores como una recuperación de soberanía frente a Bruselas. Una década después, movimientos nacionalistas dentro del propio Reino Unido utilizan ese mismo concepto de soberanía para reclamar mayor autonomía respecto de Londres.
¿Puede realmente desaparecer el Reino Unido?
Por ahora, hablar de una desintegración inevitable sería prematuro.
Los niveles de apoyo a la independencia son diferentes, las vías constitucionales tampoco coinciden y existen importantes interrogantes económicos, comerciales, monetarios y fiscales que cualquier proceso separatista debería resolver.
Pero la cumbre de Cardiff deja una imagen política inédita.
Por primera vez, dirigentes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte coordinan abiertamente sus estrategias alrededor de un principio común: Westminster no debería tener la última palabra sobre el futuro constitucional de sus naciones.
No existe todavía una hoja de ruta común hacia la separación.
Existe algo diferente: una coordinación política destinada a aumentar la presión sobre Londres.
El Reino Unido sobrevivió al referéndum escocés, al Brexit y a décadas de tensiones territoriales. Ahora enfrenta una nueva etapa en la que tres movimientos nacionales intentan transformar reclamos separados en una discusión conjunta sobre la estructura misma del Estado británico.
La pregunta ya no es únicamente si Escocia volverá a votar por su independencia o si Irlanda llegará algún día a reunificarse. La cuestión que comienza a plantearse en Londres es qué forma tendrá el Reino Unido si cada una de sus naciones exige decidir por separado su propio futuro.
