Miles de personas se congregaron hoy en Bruselas para culminar una huelga general de tres días que ha paralizado Bélgica, en protesta contra el plan de austeridad del Gobierno que busca ahorrar más de 9.000 millones de euros en los próximos cuatro años.
La movilización, calificada por los sindicatos como un movimiento “histórico y sin precedentes”, representa el rechazo de la sociedad belga a las nuevas cuentas gubernamentales aprobadas a principios de semana.
La Parálisis y las Medidas Cuestionadas
El paro de 72 horas contó con un apoyo masivo, afectando severamente a la vida diaria:
- Transporte: El transporte público apenas funcionó, y los aeropuertos principales reportaron la cancelación de la mayoría de los vuelos.
- Servicios Esenciales: Los sectores de la educación y los servicios públicos también se sumaron masivamente a los paros.
El paquete de recortes impulsado por el primer ministro, Bart de Wever, incluye una subida de impuestos, una controvertida reforma de las pensiones y una significativa reducción en las ayudas sociales.
Denuncia de Inequidad Social
Los manifestantes y los sindicatos denuncian que la carga de estos ajustes no se reparte de manera equitativa. Thomas, miembro del sindicato CNE, señaló la principal preocupación:
“Hay muchas injusticias… Las personas más ricas del país casi no deben hacer esfuerzos adicionales, mientras que los trabajadores y la gente más pobre son los que deben contribuir más en esta situación.”
Una estudiante identificada como Aurélie, presente en la manifestación, relató que tuvo que dejar sus estudios recientemente tras perder las ayudas sociales debido a los cambios implementados por el gobierno.
Mientras los piquetes se movilizaban por todo el país, el primer ministro De Wever defendió la necesidad de los nuevos presupuestos. Sin embargo, las organizaciones sindicales han advertido que no detendrán las movilizaciones y no descartan alargar las protestas si sus demandas no son escuchadas.
