Lo que comenzó en 2015 como una intervención militar conjunta para frenar el avance iraní en la Península Arábiga, ha mutado en un enfrentamiento directo entre aliados. El bombardeo saudí sobre un cargamento de armas emiratí en el puerto de Mukalla marca el fin de la coalición y abre un capítulo impredecible en el conflicto entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (EAU).
El origen del quiebre: Dos agendas para un solo país
Para entender por qué dos aliados históricos hoy se intercambian amenazas y fuego real, hay que observar el mapa de Yemen. La coalición siempre tuvo una grieta estructural que hoy se ha convertido en abismo:
- Riad y la Unidad: Arabia Saudita sostiene al Gobierno de Yemen (Consejo de Liderazgo Presidencial) bajo la premisa de mantener el país unido. Una partición de Yemen representaría, para los saudíes, una amenaza eterna en su frontera sur y una victoria moral para los rebeldes hutíes.
- Abu Dabi y el Control Marítimo: EAU, a través de su apoyo al Consejo de Transición Sureño (CTS), busca una nación independiente en el sur. Su interés es geoestratégico: controlar los puertos de Adén y Mukalla para dominar las rutas comerciales que conectan el Océano Índico con el Mar Rojo.
La gota que colmó el vaso: La ofensiva en Hadramut
El conflicto escaló este diciembre de 2025 cuando el CTS, armado y financiado por EAU, lanzó una ofensiva relámpago en las provincias de Hadramut y Al Mahra. Estas zonas son críticas por dos razones: son ricas en petróleo y son la puerta de entrada hacia Omán y el interior de Arabia Saudita.
Riad interpretó este avance no como una lucha contra los hutíes, sino como una expansión de la influencia emiratí en sus propias fronteras. La respuesta fue contundente: un bombardeo directo al suministro bélico de su socio y un ultimátum de expulsión inmediata.
Los protagonistas del nuevo tablero

Consecuencias geopolíticas: ¿Qué esperar?
La retirada “voluntaria” de las tropas emiratíes, tras el ultimátum saudí, no significa el fin de su influencia. Abu Dabi deja atrás una red de milicias locales (las Fuerzas del Cinturón de Seguridad) que seguirán operando bajo su órbita.
El gran beneficiado de esta ruptura es Irán. Con una coalición fragmentada y sus dos principales miembros enfrentados, los rebeldes hutíes tienen ahora el escenario ideal para fortalecer su control sobre las costas del Mar Rojo, agravando la crisis de seguridad marítima global.
Yemen ya no es solo el escenario de una guerra civil o una guerra subsidiaria; es ahora el tablero donde Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos miden su liderazgo por el control del mundo árabe.
