A sus 86 años, Alí Jamenei no es solo el Líder Supremo de Irán; es el arquitecto de un sistema teocrático que ha demostrado una resiliencia asombrosa frente a décadas de sanciones y crisis internas. Sin embargo, tras sobrevivir a la reciente “Guerra de los 12 días” contra Israel y enfrentar una desafección social sin precedentes, el clérigo se encuentra hoy en el punto más crítico de su mandato desde 1989.
Un mandato forjado en la represión
Desde que sucedió al ayatolá Jomeiní, Jamenei ha consolidado su poder mediante el uso sistemático de la fuerza. Su historial incluye el aplastamiento de las protestas estudiantiles de 1999, la “Ola Verde” de 2009 y la sangrienta respuesta al movimiento “Mujer, Vida, Libertad” en 2022. Para el líder, cualquier concesión es interpretada como una debilidad que podría derrumbar la República Islámica.
Recientemente, tras reaparecer en público tras un periodo de resguardo por la amenaza israelí, Jamenei mantuvo su retórica inflexible: calificó a los manifestantes de “vándalos” financiados por Occidente y reafirmó que el sistema, nacido de la sangre de la revolución, no retrocederá.
El dilema del poder coercitivo
A pesar de su capacidad para acallar las calles, analistas internacionales, incluido el International Crisis Group, advierten que el control de Jamenei es hoy más frágil. La estrategia de “mano de hierro” le ha permitido ganar tiempo, pero ha ignorado las raíces del descontento: una economía asfixiada y una crisis de legitimidad profunda.
Datos clave de su perfil:
- Aislamiento: No ha salido de Irán desde 1989 (su último viaje fue a Corea del Norte siendo presidente).
- Ideología: Mantiene intacto el rechazo total a Israel y la confrontación directa con Estados Unidos.
- Seguridad: Sus apariciones son secretas y nunca se transmiten en directo por temor a la inteligencia extranjera.
Jamenei, el hijo de un imán que pasó años en las cárceles del Sah, enfrenta ahora un desafío que no puede ser resuelto solo con oraciones o fusiles: la gestión de un país que parece haber perdido el miedo a su autoridad absoluta.
