Europa vuelve a preguntarse hasta dónde está dispuesto a llegar el Kremlin. Incursiones de drones, sabotajes atribuidos a Rusia, ciberataques y operaciones contra infraestructuras críticas están aumentando la preocupación sobre una posible escalada más allá de Ucrania. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre la amenaza híbrida rusa, que distintos gobiernos europeos consideran ya activa, y un ataque militar convencional contra territorio de la OTAN, que la Alianza no considera actualmente inminente.
La tensión aumentó durante septiembre. El presidente francés Emmanuel Macron reunió a dirigentes políticos y afirmó que el nivel de riesgo había crecido, mientras ordenó reforzar la protección de infraestructuras críticas frente a operaciones híbridas. En Polonia, el primer ministro Donald Tusk aseguró que evaluaciones de inteligencia contemplan posibles ataques híbridos con drones y misiles contra países que respaldan a Ucrania.
De la “zona gris” a una agresión directa

El principal interrogante es dónde termina la presión híbrida y dónde comienza una agresión militar.
El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) sostiene que Rusia desarrolla desde 2022 una campaña de sabotaje, espionaje, vandalismo y acciones encubiertas contra Europa. El objetivo atribuido por el instituto es debilitar a los gobiernos europeos, elevar los costos de apoyar a Ucrania y poner a prueba la capacidad de respuesta de la OTAN y la Unión Europea.
Uno de los episodios más graves ocurrió en Alemania. Berlín responsabilizó a Rusia de un intento de ataque con un dron cargado con explosivos contra el aeropuerto de Leipzig/Halle, un importante centro logístico. Moscú ha rechazado de forma general las acusaciones occidentales sobre una campaña de agresión contra Europa.
El IISS considera el episodio de Leipzig una escalada significativa dentro de las operaciones rusas por debajo del umbral de una guerra convencional.
Los drones acercan la guerra a territorio de la OTAN
Los acontecimientos en el Báltico agregaron otra señal de alarma.
El 14 de septiembre, un caza italiano desplegado bajo misión de la OTAN derribó un dron que había ingresado al espacio aéreo de Lituania. Inicialmente se sospechó que se trataba de un aparato militar ruso. Investigaciones posteriores identificaron un modelo ruso Gerbera y el presidente lituano, Gitanas Nausėda, señaló que probablemente tenía como destino Ucrania y pudo haberse desviado por interferencias electrónicas.
El dato resulta importante: una incursión en territorio aliado no demuestra por sí misma que Rusia haya ordenado atacar a la OTAN.
Pero estos incidentes aumentan el riesgo de errores de cálculo, identificaciones equivocadas o escaladas involuntarias. Un dron armado que atraviese una frontera puede obligar a los sistemas de defensa europeos a decidir en minutos si se trata de un accidente, una provocación o un ataque deliberado.
Europa se prepara para un escenario más peligroso
La respuesta europea ya puede observarse sobre el terreno.
Polonia volvió a activar preventivamente su aviación y sus sistemas de defensa aérea el 19 de septiembre ante ataques rusos contra Ucrania próximos a su territorio. La operación terminó sin registrar violaciones del espacio aéreo polaco.
La Unión Europea, por su parte, estudia mecanismos específicos para responder coordinadamente a sabotajes y amenazas híbridas. Ursula von der Leyen propuso un protocolo común frente a incidentes que permanezcan por debajo del nivel de una agresión militar abierta.
Detrás de estas decisiones existe además una transformación militar más profunda. El IISS advierte que los países europeos continúan aumentando sus capacidades defensivas mientras Rusia reorganiza y amplía algunas de sus fuerzas pese a las importantes pérdidas sufridas en Ucrania.
El Báltico, principal punto de tensión
Si la confrontación escalara, el norte de Europa tendría una importancia decisiva.
Los Estados bálticos limitan con Rusia o Bielorrusia y dependen del estrecho corredor de Suwałki para su conexión terrestre con el resto de los aliados. Kaliningrado, enclave ruso situado entre Polonia y Lituania, concentra capacidades de defensa aérea, guerra electrónica, misiles y fuerzas navales.
Un análisis del IISS señala que Rusia podría intentar dificultar un eventual refuerzo aliado mediante drones, misiles, sabotajes, minas y ataques contra puertos, carreteras o ferrocarriles. Se trata de un análisis de capacidades para un escenario hipotético, no de evidencia de que Moscú haya decidido ejecutar esa operación.
¿Está Rusia al borde de atacar Europa?
Los acontecimientos permiten hablar de una escalada del riesgo, pero no sostienen por ahora que un ataque convencional ruso contra la OTAN sea inminente.
La amenaza inmediata se encuentra principalmente en esa zona intermedia entre paz y guerra: drones, sabotajes, ciberataques, desinformación, espionaje e incidentes contra infraestructura estratégica. NATO tampoco ha anunciado que considere inminente una ofensiva militar rusa contra uno de sus miembros.
El peligro está en que esa frontera se vuelva cada vez más difícil de distinguir.
Tras más de cuatro años de guerra a gran escala en Ucrania, Europa enfrenta una pregunta que parecía impensable antes de 2022: qué ocurriría si el próximo incidente atribuido a Rusia deja de ser considerado una operación híbrida y pasa a interpretarse como una agresión contra territorio de la OTAN.
