La nación insular, conocida durante décadas como Nauru, adoptó oficialmente el nombre de República de Naoero. El cambio busca recuperar su identidad y pronunciación tradicional, en un país marcado por el auge y la caída de la minería de fosfato y por la amenaza del cambio climático.
En medio del océano Pacífico existe uno de los países más pequeños del planeta. Durante décadas fue conocido internacionalmente como Nauru, pero desde agosto de 2026 su nombre oficial es República de Naoero, una denominación que recupera la forma tradicional utilizada en su idioma y por su población.
El cambio fue anunciado por el presidente David Adeang y aprobado por el Parlamento. Según las autoridades, la denominación Nauru surgió principalmente por la dificultad que tenían los extranjeros para pronunciar correctamente el nombre tradicional.

Con la modificación, también cambiará el código internacional del país, de NRU a NRO, mientras que sus habitantes pasarán a ser denominados dei-Naoero. El Gobierno sostiene que la decisión busca reafirmar la identidad, la lengua y el patrimonio cultural de la nación.
Una nación diminuta en medio del Pacífico
Naoero tiene apenas 21 kilómetros cuadrados y alrededor de 12.000 habitantes. Es el tercer Estado más pequeño del mundo por superficie, detrás de Ciudad del Vaticano y Mónaco, y el país insular independiente más pequeño del planeta.
La isla se encuentra aproximadamente 42 kilómetros al sur del ecuador y está rodeada completamente por un arrecife de coral. No posee una capital oficial, aunque la mayor parte de las instituciones gubernamentales se encuentran en el distrito de Yaren.
Su reducido territorio contrasta con una historia económica extraordinaria.
De la riqueza al colapso
Durante buena parte del siglo XX, la economía de Nauru estuvo dominada por la explotación de fosfato, un mineral que convirtió a la pequeña isla en uno de los territorios con mayores ingresos por habitante del mundo durante las décadas de 1970 y 1980.

Pero la riqueza proveniente de la minería no fue sostenible. La explotación intensiva transformó buena parte del interior de la isla y dejó extensas zonas degradadas y prácticamente inhabitables. La economía entró posteriormente en una profunda crisis y el país tuvo que buscar nuevas fuentes de ingresos.
El Gobierno volvió a impulsar la extracción de fosfato en 2005, aunque las reservas son limitadas.
El cambio climático, otra amenaza
El futuro de Naoero también está condicionado por su geografía. Gran parte de la población y de la infraestructura se concentra en las zonas costeras, mientras que el interior de la isla quedó severamente afectado por décadas de minería.
El aumento del nivel del mar, las inundaciones costeras, las mareas extremas y las sequías representan riesgos crecientes para la población. La escasez de agua dulce y la fuerte dependencia de alimentos y energía importados aumentan todavía más su vulnerabilidad.
Así, detrás del cambio de nombre existe una historia mucho más profunda: la de un pequeño Estado del Pacífico que intenta recuperar parte de su identidad mientras enfrenta las consecuencias económicas y ambientales de su pasado.
Naoero puede ser diminuto en el mapa, pero su historia reúne algunos de los grandes desafíos del siglo XXI: colonialismo, explotación de recursos naturales, crisis económica, deterioro ambiental y cambio climático.
