¿Por qué Burkina Faso sufrió tantos golpes de Estado?

La historia contemporánea de Burkina Faso está marcada por una constante: la enorme influencia de las Fuerzas Armadas sobre la política. Desde su independencia de Francia en 1960, cuando todavía se llamaba Alto Volta, el país atravesó golpes de Estado, gobiernos militares, levantamientos populares y breves períodos de apertura democrática.

Pero detrás de esta inestabilidad no existe una única explicación. Crisis económicas, gobiernos autoritarios, divisiones militares y, durante la última década, la expansión de los grupos yihadistas en el Sahel fueron creando las condiciones para que el Ejército regresara una y otra vez al centro del poder.

El primer golpe

Burkina Faso consiguió su independencia el 5 de agosto de 1960 bajo la presidencia de Maurice Yaméogo. Apenas seis años después se produjo la primera gran ruptura política.

En enero de 1966, una combinación de protestas sindicales, movilizaciones populares y rechazo a las políticas económicas debilitó al gobierno. En ese contexto, el Ejército intervino y el teniente coronel Sangoulé Lamizana asumió el poder.

Se establecía así un precedente que marcaría buena parte de la historia posterior del país: frente a una crisis política profunda, las Fuerzas Armadas podían aparecer como una alternativa al gobierno civil.

La inestabilidad continuó durante las décadas siguientes.

En noviembre de 1980, el coronel Saye Zerbo derrocó a Lamizana. Dos años después, Zerbo también fue desplazado por militares y Jean-Baptiste Ouédraogo asumió la conducción del país.

Pero el episodio que cambiaría definitivamente la historia burkinesa llegaría en 1983.

Thomas Sankara y la revolución

El 4 de agosto de 1983, un nuevo movimiento militar llevó al poder al capitán Thomas Sankara, quien se convertiría en una de las figuras políticas africanas más reconocidas del siglo XX.

Sankara impulsó una profunda transformación política y social. Su gobierno desarrolló campañas de vacunación, promovió la participación de las mujeres, combatió determinadas prácticas tradicionales, impulsó políticas contra la corrupción y defendió un proyecto de mayor autosuficiencia económica.

También adoptó un fuerte discurso anticolonialista y crítico de la dependencia africana respecto de las antiguas potencias europeas.

En 1984, Alto Volta dejó de existir oficialmente como denominación del país. Sankara lo rebautizó Burkina Faso, nombre generalmente traducido como “la tierra de los hombres íntegros”.

Sin embargo, su revolución duraría solamente cuatro años.

El 15 de octubre de 1987, Sankara y doce de sus colaboradores fueron asesinados durante un golpe de Estado.

Uno de sus antiguos compañeros, Blaise Compaoré, tomó el poder.

Los 27 años de Compaoré

Compaoré permanecería al frente de Burkina Faso durante casi tres décadas.

Su gobierno significó una relativa estabilización del poder presidencial después de años de golpes sucesivos, pero el Ejército continuó teniendo un enorme peso dentro del sistema.

Una de las estructuras fundamentales del régimen era el Regimiento de Seguridad Presidencial, conocido como RSP, una poderosa unidad militar encargada de proteger al presidente.

Compaoré consiguió mantenerse en el poder durante 27 años hasta que, en 2014, intentó modificar nuevamente las reglas constitucionales para poder continuar gobernando.

La reacción popular fue enorme.

Miles de personas salieron a las calles de Uagadugú y otras ciudades. Las protestas terminaron forzando la renuncia de Compaoré, quien abandonó el país.

Esta vez no había sido un golpe militar tradicional el que terminaba con el presidente, sino una gigantesca movilización popular.

El intento de golpe de 2015

Después de la caída de Compaoré comenzó una transición destinada a devolver el poder a autoridades elegidas democráticamente.

Pero las viejas estructuras militares todavía conservaban una considerable capacidad política.

En septiembre de 2015, integrantes del Regimiento de Seguridad Presidencial detuvieron a las autoridades de transición e intentaron tomar el poder.

El golpe terminó fracasando.

El RSP fue posteriormente disuelto y Burkina Faso celebró elecciones que llevaron a Roch Marc Christian Kaboré a la presidencia.

Parecía abrirse entonces una nueva etapa.

Sin embargo, mientras el país intentaba consolidar sus instituciones democráticas, una amenaza mucho más peligrosa comenzaba a expandirse desde el vecino Mali.

La expansión yihadista cambia el escenario

Desde mediados de la década de 2010, Burkina Faso comenzó a sufrir una rápida expansión de organizaciones yihadistas vinculadas principalmente a Al Qaeda y al Estado Islámico.

Las zonas rurales del norte y el este se convirtieron en algunos de los principales escenarios del conflicto.

Los ataques contra militares, policías y civiles aumentaron. Comunidades enteras quedaron aisladas y enormes cantidades de personas tuvieron que abandonar sus hogares.

La incapacidad del Estado para garantizar seguridad comenzó a erosionar la legitimidad del gobierno de Kaboré.

Dentro de las Fuerzas Armadas también aumentaba el descontento. Muchos militares denunciaban falta de equipamiento, problemas logísticos y una estrategia insuficiente frente a los grupos armados.

La crisis terminó desembocando nuevamente en un golpe de Estado.

2022: dos golpes en un mismo año

El 24 de enero de 2022, militares encabezados por el teniente coronel Paul-Henri Sandaogo Damiba derrocaron al presidente Roch Marc Christian Kaboré.

Los golpistas justificaron la intervención principalmente por el deterioro de la seguridad y la incapacidad del gobierno para contener la insurgencia.

Damiba prometió recuperar territorio y reorganizar la lucha contra los grupos yihadistas.

Pero los resultados esperados no llegaron rápidamente.

Solamente ocho meses después, Burkina Faso volvió a experimentar otro golpe.

El 30 de septiembre de 2022, un grupo de militares encabezado por el capitán Ibrahim Traoré desplazó a Damiba.

Traoré tenía apenas 34 años.

Lo llamativo era que algunos de los militares que habían apoyado la caída de Kaboré ahora argumentaban que el gobierno militar surgido de aquel golpe tampoco había conseguido resolver el problema fundamental del país.

En menos de un año, Burkina Faso había pasado de un gobierno civil a una junta militar y, posteriormente, de una junta militar a otra.

¿Por qué se repiten los golpes?

La explicación requiere observar varios factores al mismo tiempo.

El primero es histórico. Desde el golpe de 1966, las Fuerzas Armadas quedaron instaladas como un actor político capaz de intervenir directamente cuando las instituciones civiles atravesaban grandes crisis.

El segundo está relacionado con la debilidad institucional y los largos períodos de concentración del poder. Los 27 años de Blaise Compaoré proporcionaron estabilidad presidencial, pero también dejaron instituciones fuertemente condicionadas por estructuras políticas y militares vinculadas al régimen.

Existe además una larga tradición de movilización social. Sindicatos, estudiantes y organizaciones civiles desempeñaron un papel importante en diferentes momentos de la historia política del país, incluida la caída de Compaoré en 2014.

Otro elemento fundamental son las propias divisiones dentro de las Fuerzas Armadas.

El caso de 2022 resulta particularmente representativo: Damiba llegó al poder mediante un golpe argumentando que era necesaria una nueva estrategia contra el terrorismo. Ocho meses después, Traoré lo desplazó sosteniendo, entre otras razones, que la situación de seguridad seguía deteriorándose.

Pero el factor que diferencia claramente los golpes recientes de muchos de los ocurridos durante el siglo XX es la guerra del Sahel.

Una guerra que transformó al país

La expansión de las insurgencias yihadistas modificó profundamente la política de Burkina Faso.

El control territorial, la seguridad de las comunidades rurales y la capacidad del Ejército para combatir a los grupos armados se transformaron en cuestiones centrales para evaluar a cualquier gobierno.

Ese escenario permitió que sectores militares justificaran nuevamente su intervención política bajo la promesa de recuperar territorio y restablecer la seguridad.

Con Ibrahim Traoré, Burkina Faso profundizó además una transformación de su política exterior. El país redujo significativamente su cooperación militar con Francia, estrechó relaciones con Rusia y reforzó su alianza con Mali y Níger.

Los tres países, gobernados por autoridades surgidas de golpes militares, terminaron conformando la Alianza de Estados del Sahel, conocida como AES, y abandonaron la Comunidad Económica de Estados de África Occidental.

La cuestión de los golpes de Estado en Burkina Faso, por lo tanto, no puede analizarse únicamente como una sucesión de militares ambiciosos intentando conquistar el poder.

Detrás existe una combinación mucho más compleja de instituciones frágiles, autoritarismo, conflictos internos dentro de las Fuerzas Armadas, movilizaciones sociales, crisis económicas y, durante los últimos años, una guerra contra organizaciones yihadistas que transformó completamente las prioridades del Estado.

Desde Maurice Yaméogo hasta Ibrahim Traoré, pasando por Thomas Sankara, Blaise Compaoré, Roch K

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