Etiopía avanza sobre Tigray mientras crece el temor a una guerra regional

Fuerzas aliadas al gobierno etíope aseguran haber avanzado hasta unos 20 kilómetros de Mekelle, capital de Tigray, en la mayor escalada militar desde el final de la guerra de 2020-2022. La ruptura de relaciones entre Etiopía y Eritrea y las crecientes tensiones con Egipto aumentan el temor a que el conflicto se extienda por el Cuerno de África.

La guerra vuelve a acercarse a Mekelle. Fuerzas aliadas al gobierno federal de Etiopía anunciaron este viernes la captura de Milazat, una localidad situada aproximadamente 20 kilómetros al sudeste de la capital de la región de Tigray.

Las Fuerzas de Paz de Tigray (TPF), una milicia progubernamental, comunicaron el avance mientras las tropas federales y sus aliados intensifican su contraofensiva contra una alianza rebelde encabezada por el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF).

Reuters no pudo verificar de manera independiente la captura de Milazat. Sin embargo, el avance se produce después de una serie de conquistas territoriales de las fuerzas gubernamentales, entre ellas la estratégica ciudad de Alamata, situada unos 120 kilómetros al sur de Mekelle.

La situación representa la escalada militar más grave en Tigray desde la guerra civil de 2020-2022, un conflicto que provocó cientos de miles de muertes y desplazó a millones de personas.

Mekelle se prepara para nuevos combates

La posibilidad de que las fuerzas gubernamentales lleguen nuevamente a Mekelle comienza a alterar la vida cotidiana de la ciudad.

Bancos y comercios permanecieron cerrados este viernes ante el temor de nuevos enfrentamientos, según residentes consultados por Reuters. Una fuente diplomática aseguró además que altos dirigentes del TPLF ya habrían abandonado la ciudad.

El precedente inmediato aumenta la incertidumbre. Durante la guerra anterior, las fuerzas federales capturaron Mekelle en noviembre de 2020, pero el TPLF reorganizó posteriormente sus tropas y recuperó la capital regional siete meses después.

El dirigente del TPLF, Debretsion Gebremichael, reconoció que las fuerzas federales ocuparon sectores de Tigray, aunque anticipó que sus combatientes preparan una contraofensiva.

Etiopía y Eritrea rompen relaciones

La ofensiva ocurre mientras se deteriora rápidamente el escenario diplomático alrededor de Etiopía.

Addis Abeba anunció el cierre de su embajada en Eritrea y ordenó la expulsión de diez diplomáticos eritreos, acusando al gobierno vecino de realizar actos de “hostilidad y beligerancia”.

Asmara respondió rompiendo todas las relaciones diplomáticas con Etiopía. Es el deterioro más grave entre ambos países desde que restablecieron relaciones en 2018.

El cambio de alianzas resulta especialmente significativo porque Eritrea combatió junto al gobierno de Abiy Ahmed contra el TPLF durante la guerra de 2020-2022.

Ahora, Etiopía acusa a Eritrea, Sudán y Egipto de respaldar a la alianza opositora. Los tres países rechazan las acusaciones.

Explosiones en Addis Abeba

REUTERS/Tiksa Negeri/File Photo

La crisis también podría haber alcanzado la capital etíope.

Durante la noche del miércoles se escucharon explosiones en Addis Abeba. Una fuente vinculada con la oposición aseguró que se trató de ataques con drones dirigidos contra instalaciones de las fuerzas federales.

La información no pudo ser verificada independientemente por Reuters. De confirmarse, sería el primer ataque conocido de este tipo realizado por fuerzas antigubernamentales contra Addis Abeba y demostraría una capacidad de ataque a larga distancia significativamente mayor de la esperada.

El riesgo de una guerra regional

El nuevo conflicto ya supera las disputas internas de Etiopía.

Tigray comparte frontera con Eritrea y Sudán, mientras las relaciones entre Addis Abeba y El Cairo atraviesan una nueva crisis. Etiopía expulsó además a un diplomático egipcio y Egipto respondió expulsando a un funcionario de la representación etíope.

A estas tensiones se suman las diferencias históricas entre Etiopía y Egipto por la Gran Presa del Renacimiento Etíope y la creciente disputa entre Addis Abeba y Asmara por el acceso etíope al mar Rojo.

Etiopía, un país sin litoral desde la independencia de Eritrea en 1993, sostiene que disponer de un acceso marítimo resulta vital para su economía y seguridad. Eritrea teme que esas ambiciones puedan terminar afectando al estratégico puerto de Assab, aunque Abiy Ahmed sostiene que su gobierno busca una solución pacífica.

La Unión Africana expresó oficialmente su preocupación por el aumento de las tensiones entre Etiopía, Eritrea y Egipto y pidió a los tres gobiernos “máxima moderación”, además de evitar acciones o declaraciones capaces de profundizar la escalada.

El avance hacia Mekelle, la ruptura diplomática entre Etiopía y Eritrea y la creciente participación de intereses regionales transforman así la nueva guerra de Tigray en una crisis con capacidad para desestabilizar buena parte del Cuerno de África.

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